-Un gigantesco y hermoso oso fue lo que me dió de regalo el 14 de Febrero cuando cursábamos 2do de secundaria- Dije para mí misma mientras recordaba a mi antiguo novio Bruno.
No sabía por qué, a pesar de las miles de cosas que tenía por hacer se me había ocurrido acostarme y ponerme a pensar en eso; algo tan... simple, sin importancia pero, ¿él pensaría de vez en cuando en mí? ¿Voverían de vez en cuando a su tonta cabezita los momentos que pasamos juntos?
-¡Basta!- Me grité, no debía seguir pensando en éso; habíamos cortado pues, al salir él de tercero lo dejaría irse con otras chicas a la preparatoria, mis tontos e inútiles celos nos había llevado al borde de no querer hablarnos nunca más pero yo no lo dejé de querer durane mucho tiempo.
--¡Toc!¡Toc!--
Há, a quien se le ocurría tocar la puerta a estas horas de la noche; pasaban de las 12:00 am y no pensaba abrir.
-¡Katherine! ¿Estás en casa?- Gritaron desde fuera; parecía alguien conocido así que me asomé sigilosamente por la ventana.
Sin duda podía ver a Bruno parado justo debajo de mi ventana. Corrí a abrir la puerta, no había pared que me detuviera, ni la chancla que salió volando al bajar como rayo la escalera, ni el frio viento que entraba por una ventana qué, descuidadamente había dejado abierta; nada me detenía.
Prendí la luz para después abrir la puerta y percatarme de que no era Bruno sino su hermano menor, Carlos; daba terror su enorme parecido. ¿Cómo no se me había ocurrido que para este tiempo ya tuviera, cuando menos, cinco años más que la última vez que lo ví?
-Pero... ¿Qué haces aquí a las doce de la madrugada? - Pregunté atónita, además de iluscionarme por unos cuantos segundos, me había hecho salir al frío. No estaba nada contenta.
- Lo siento Katherine, pero necesitaba hablar urgentemente contigo... es por Bruno... - Dijo tristemente, nunca lo había visto así; por poco comenzaban a salir algunas lágrimas de sus ojos y se le notaba demasiado pálido.
-Necesito que me acompañes, él te necesita... -
No lo podía creer, en verdad había caído tan bajo como para mandar a su hermano a buscarme, no aceptaría; no me importaba que estubiera sucediendo, no iría.
-Lo siento pero no puedo ir, es media noche y ni si quiera estoy vestida, pero igual puedes darme la dirección y mañana por la mañana veré que hacer. - Dije e hice ademán de retirarme, volteándome y caminando unos cuantos pasos hacia la puerta; Carlos me tomó del brazo y me detuvo.
-Kath... - Dijo de la misma manera en que me dijo su hermano cuando terminamos; algo triste, algo descepcionado y también con un aliento de esperanza. - Bruno se encuentra en el Hospital Bernardette, en el centro de la cuidad... Ve porfavor.
No podía ser cierto, qué tenía que haber sucedido como para llevarlo hasta el hospital; yo ya había dicho algo, y si partía junto con su hermano me vería débil y se notaría que no lo había olvidado, tenía que mantener mi dignidad.
- Está bien, terminaré lo que tengo que hacer, dormiré un rato e iré al hospital por la mañana. Gracias por avisarme... - Dije con una sonrisa fingida, entré por la puerta y ellos se marcharon.
Me había quedado paralizada con el pomo de la puerta en la mano, justo ahora, el día en que comenzaba a recordarlo de nuevo, venían a decirme que se encontraba en el hospital. No... Ese no era mi Bruno, un hombre fuerte que resiste todas las enfermedades y más.- Quizá se habían equivocado de puerta y casualmente la vecina se llame Katherine - Me dije a mí misma.
Cientos de excusas llegaban a mi cabeza, aún no podía entrarme que había mandado a Carlos a buscarme; quien sino él, fue el orgulloso que no me tomó en cuenta al tomar sus deciciones. Y ahora me quería a su lado, como si fuera a estar ahí para siempre con él. No podía dejar que me utilizara de esa forma, pero tampoco podía negar que lo seguía queriendo, y que nunca había podido dejar de pensar en él.
Pues bien, estaba decidido, iría el día siguiente al amanecer a visitarlo. Fuí a mi cama pero la incertidumbre no me dejó dormir. Me levanté a las 6:00 am, tomé un largo baño esperando que éste me quitara el estrés, me arreglé y salí en dirección al hospital.
Al llagar me encontré a toda la familia Gutierrez llorando; no sabía que había sucedido, pero suponía que no era nada bueno.
- ¿Carlos que sucede? -
- Lo-lo he-e-m-mos pe-peerdido... - Dijo aún llorando
- ¡¿A quién?! - Grité; no me entraría en la cabeza que Bruno no existiría más.
- A-a-a Bru-uno... - Dijo y rompió a llorar de nuevo.
- No, no puede ser cierto, podían revivirlo... Si los médicos tienen esas cosas que dan toques al corazón - dije balbuceando. Estaba paranóica, daba vueltas de un lado a otro y al mismo tiempo miles de lágrimas comenzaban a resbalarse por mis mejillas.
-Kath...- Dijo Carlos ahora más tranquilo que yo - Bruno te dejó esto. - Y extendió su mano para entregarme una hoja que, supuse, era una carta.
-Gracias - dije y fui a un lugar retirado a leerla, no quería entristecer aún más a su familia al verme llorar.
"Katherine
Hola, quizá cuendo leas esto, ya no tengamos la oportunidad de arreglar las cosas pues dí a mi hermano la extricta orden de entregartela el día en que yo ya no existiera más en este mundo.
De hace tiempo que me detectaron cáncer y he hecho sufrír cada día, desde aqulla vez en que me dieron el diagnóstico, a mi familia y amigos; no deseaba que fueras una de esas personas que se entristecían por mi culpa así que tomé la decición de no buscarte nunca más.
Me gustaría que no llores por mí ni un segundo, por que a final de cuentas, de ninguana manera podré regresar y no tendría caso que pases tu vida entera pensando en lo que podrías o no haber hecho.
Nunca olvides por nada del mundo que yo TE AMO y que a pesar de todo, lo único que yo quería era lo mejor para ti. Alegra a mi familia y diles que yo estaré en un lugar mejor, donde nunca más tendré que sufrir.
Por siempre tuyo
Bruno."